Acariciar tu redondez
amarrada a mi cintura,
presionar la falta,
obligar al contrario a que caiga,
llevar el balón,
amagar una, dos, tres veces,
abrir tus piernas con un movimiento de cintura…
y con el borde interno…
en una chilena impresionante,
penetrar tu defensa y
caer juntos sobre la hierba húmeda
mientras mi mirada observa tu arco vencido,
acariciado por ese tendido
que se mueve al vaivén
y por la fuerza de mi dicha…
Dicha que reposa al fondo,
dentro de tu red.
Gol
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